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1feb/120

El problema de la privacidad en Argentina

Desde hace unos días se abrió un poco el debate sobre la privacidad de los ciudadanos en Argentina. Digo un poco, porque realmente no está instalado en la sociedad sino que son algunas personas que reflexionan en sus blogs o en sus almuerzos con colegas. El disparador de este debate fue la masificación de la tarjeta SUBE, ordenada por el gobierno, ya que quienes paguen el transporte con monedas no recibirán el subsidio (es decir, pasajes más caros) y una liberación de datos hecho por un grupo argentino de hackers conocidos como Anons.ar.

Para poder conseguir la tarjeta SUBE, se debe entregar nuestro número de DNI; el gobierno, a mi entender, nunca aclaró por qué quiere tener un registro de las personas que usan cada tarjeta[1]. Esto le permite tanto al estado, como a un grupo de hackers, acceder al registro de viajes de cada ciudadano que tenga la tarjeta. Y esto sucede al mismo tiempo que la presidenta, muy alegremente anuncia un sistema de registro de datos biométricos conocido como SIBIOS.

La actitud en general es de despreocupación, es decir que asumen que el estado ya lo sabe todo y que de todas maneras no hacemos nada malo, así que no se van a meter con nosotros. ¿Será que los judíos que vivían en Alemania pensaban lo mismo? Y aunque parezca una exageración, Argentina no es un país que se pueda jactar de haber respetado el derecho de sus ciudadanos desde siempre.

Estamos habituados a cuestionarnos lo que las empresas saben de nosotros; cuánta información recopila Facebook o Google a medida que navegamos, qué hacen con ella. Todo ese debate generalmente viene de afuera, de países con legislaciones apropiadas; en Argentina lo que nos llega es un eco. La verdad es que lo que hagan las empresas con nuestros datos es un misterio ya que no están siquiera auditadas. ¿Y cuál es la diferencia con el estado?