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El problema de la privacidad en Argentina...

Desde hace unos días se abrió un poco el debate sobre la privacidad de los ciudadanos en Argentina. Digo un poco, porque realmente no está instalado en la sociedad sino que son algunas personas que reflexionan en sus blogs o en sus almuerzos con colegas. El disparador de este debate fue la masificación de la tarjeta SUBE, ordenada por el gobierno, ya que quienes paguen el transporte con monedas no recibirán el subsidio (es decir, pasajes más caros) y una liberación de datos hecho por un grupo argentino de hackers conocidos como Anons.ar. Para poder conseguir la tarjeta SUBE, se debe entregar nuestro número de DNI; el gobierno, a mi entender, nunca aclaró por qué quiere tener un registro de las personas que usan cada tarjeta[1]. Esto le permite tanto al estado, como a un grupo de hackers, acceder al registro de viajes de cada ciudadano que tenga la tarjeta. Y esto sucede al mismo tiempo que la presidenta, muy alegremente anuncia un sistema de registro de datos biométricos conocido como SIBIOS. La actitud en general es de despreocupación, es decir que asumen que el estado ya lo sabe todo y que de todas maneras no hacemos nada malo, así que no se van a meter con nosotros. ¿Será que los judíos que vivían en Alemania pensaban lo mismo? Y aunque parezca una exageración, Argentina no es un país que se pueda jactar de haber respetado el derecho de sus ciudadanos desde siempre. Estamos habituados a cuestionarnos lo que las empresas saben de nosotros; cuánta información recopila Facebook o Google a medida que navegamos, qué hacen con ella. Todo ese debate generalmente viene de afuera, de países con legislaciones apropiadas; en Argentina lo que nos llega es un eco. La verdad es que lo que hagan las empresas con nuestros datos es un misterio ya que no están siquiera auditadas. ¿Y cuál es la diferencia con el estado? Mientras protestamos por el cierre de Megaupload, por esa violación a nuestros derechos más básicos de la descarga ilegal de películas, nadie se pregunta sobre la violación de nuestra privacidad por parte del Estado Argentino. ¿Alguien me garantiza que todas las cámaras que instalan en la calle no pueden filmar dentro de mi hogar? En Londres tienen un sistema que a medida que una cámara barre una determinada zona, se oscurece para evitar que el operario pueda observar lo que sucede a través de una ventana. SIBIOS propone tener un registro de los datos biométricos de cada persona en Argentina. Tipo de sangre, foto, estatura; al mismo tiempo que se cruzarán con la tan temida AFIP que no nos deja comprar dólares cuando queremos y cualquier otro organismo. ¿Pero quién tiene acceso a todos estos datos? En principio cualquier policía (funcionario del orden público) que quiera saber nuestro historial va a poder hacerlo; sin una orden judicial de por medio que lo avale, sin que seamos sospechosos de nada. ¿Cuánto me costaría pagarle a un policía para que me averigüe qué colectivo se toma mi novia, con quién se junta, etc.? ¿Y si yo fuera un criminal y no sólo un novio celoso? A parte, con el reconocimiento facial, que tanto fascina a nuestra querida presidenta, bastaría sólo ingresar a un lugar donde una cámara pueda captar nuestro rostro para que automáticamente sepan que uno es portador de HIV, o que debe impuestos. Se que quizás parezca muy paranoide, pero la realidad es que, sin reglas claras, todo lo que menciono...