Cuando volví de Salta, tenía turno con el dentista, como justo coincidió con mi nuevo empleo, tuve que posponer la visita por casi 1 mes. La secretaria me dijo que fuera un jueves a las 14, como es el primero de todos, no iba a tener que esperar y me garantizaba llegar al trabajo a tiempo.
Llegué puntual (es màs, un par de minutos antes de la hora pactada) y encuentro en la puerta a otra persona esperando. Supuse o bien que se iba a atender con el otro odontólogo, o que es la persona que venía justo detrás mío. En la sala de espera, mientras se iban las secretarias y dentistas del turno anterior, llaman a la otra persona y no a mí para que se atendiera con MI dentista.
La visita no fue corta, estuve esperando sin poder hacer nada unos 20 minutos. Lo peor es que esto pasa en general con todos los médicos con los que se pide turno. ¿Cuál es el sentido de citar pacientes cada 5 minutos si se sabe que se va a demorar por lo menos 20? O peor, ¿para qué tener un sistema de turnos, si al fin y al cabo atienden a personas que simplemente fueron?
Entiendo que pueda haber casos especiales, más o menos urgentes, pero igualmente no deja de indignarme tener que esperar CADA VEZ que voy al médico.
[tags]Dentista, espera, médico[/tags]
Empezó mi vida rutinaria.
Luego de semanas preparando finales (aprobados, afortunadamente) y una semana de vacaciones en Bariloche, volví de lleno a la vida rutinaria de la gran Urbe.
Espero lentamente poder ir retomando las viejas costumbres de actualización de mis Blogs.
En los próximos días podrán ver las fotos de Bariloche en la sección de fotos.
“No hay evento que tenga probabilidad nula de suceder.”
Esa frase me pareció siempre algo increíble. En la física es un resultado que se observa y se deduce casi a diario, y creo que es aplicable casi a cualquier ámbito.
Piensen en algo que hayan hecho hoy por ejemplo, y ahora recuerden por qué hicieron eso, cuántas decisiones tuvieron que tomar para llegar.
Me sorprende que recorriendo la vida de uno (la vida cotidiana, no hace falta ir a “los grandes hechos”) en sentido inverso, se observe la grandísima cantidad de variaciones que podrían haber surgido.
Por ejemplo, el domingo fui a una fiesta y hablé con una chica. Pero hablé con ella, porque ella decidió que quería hablar conmigo. Llegué a hablar con ella porque decidí quedarme a pesar de que uno de mis amigos se fuera. Fui a esa fiesta porque no me había ido de Buenos Aires a pesar de tener la oportunidad. Y aún más, fui a esa fiesta porque el año pasado había conocido el Hospitality Club, de donde recibí la invitación para ir.
La cadena podría seguir in eternum, pero a algunas cosas es mejor ponerle un límite. Algunos creen en el destino, y esto simplifica mucho las cosas, porque no dan la posibilidad de que fueran de otra forma, yo no habría podido no inscribirme al HC, etc.
Yo prefiero permanecer en una posición de “libre albedrío” donde no hay evento que tenga una probabilidad nula de suceder; especialmente con respecto a interacciones con otras personas; la magia que le otorga a un encuentro el hecho de que fue sólo una alternativa de miles posibles, se eligió hablar con una persona en particular de las miles que se podrían haber elegido, basándose en una corazonada, en la atracción física, eso lo decide cada uno, pero sin haber sabido cuando el día comenzaba que eso iba a suceder.
En la época de vacaciones, la mayor parte de las personas se pregunta qué tan rutinaria es su vida, principalmente porque tienen un período en el que casi nada fue planificado, en el que se vive realmente el día a día y por ende tienen la posibilidad de compararlo con el resto del año en el que tienen que despertarse todos los días a la misma hora, para realizar las mismas tareas en el mismo lugar y con la misma gente.
El tema es que muchos opinan que es mejor no llevar una vida rutinaria, porque ésta no aburre y permite disfrutar cada momento. Depende principalmente de la actividad que cada uno desarrolle, no de qué tan rutinario sea sino de con cuánto placer uno realice sus tareas. Cuánta gente estará contenta con su trabajo, al nivel de fascinación, que su trabajo sea realmente lo que desearon desde pequeños, es difícil de evaluar y por ahora las respuestas parecerían ser siempre negativas. Quizás sea una imposibilidad inherente al ser humano que su trabajo no sea el más deseable posible.
Sin embargo hay algo que todo el mundo debe reconocer y es que dos días nunca son iguales. Hay un cuento de Borges llamado “Funes el Memorioso” en el que su protagonista es incapaz de reconocer a la misma persona en dos instantes diferentes, porque esta cambió de un momento a otro. Y la vida es así, es un fluir de pequeñas varaciones que podrían alegrarnos el día simplemente si les prestáramos atención.
Alguna vez intentaron hablar con alguien en el colectivo, o en el subte? Es una acción completamente intrascendente, que sólo dura unos minutos (los que dure el viaje) pero tanto a uno, como a la otra persona, les cambiará el día. Es como hablar con un (o una) desconocido en una fiesta, en un boliche o en un bar, es una decisión que aunque no cambiare la vida sin dudas hará de ese día un día completamente diferente de los demás.