BAFICI – Francine

Francine es sin dudas una de las mejores películas que vi hasta ahora en el Festival. Se trata de la historia de una mujer que sale de la cárcel y debe re-introducirse en la sociedad y la vida laboral. Lo más destacado en la película sin dudas es la actriz principal (que tal como comentó el director, ayudó mucho a los demás actores, algunos amateurs, a compenetrarse con el papel y sus roles).

Toda la película gira alrededor de la soledad; esta persona que estuvo recluida algún tiempo (no sabemos ni cuánto ni el por qué) encuentra compañía sólo en animales; desde el primer momento cuando adopta un gato hasta más adelante cuando vemos el caos que es su casa llena de mascotas. Las interacciones con otras personas son más bien escasas y con pocos diálogos.

La imposibilidad de hacer amigos, de empezar una relación o siquiera de mantener un trabajo por más que un par de semanas son partes de ese proceso de re-adaptación a la vida en sociedad. Por momentos la película me resultó un poco agobiante, pero no lo considero un punto negativo sino una cuestión de compenetración con la historia.

Creo que se trata de un muy buen trabajo de exploración del carácter de las personas y de los efectos que algunas instituciones pueden tener sobre la gente. Los únicos “amigos” que la protagonista tiene son, curiosamente, miembros de una iglesia local.

Francine sale de la cárcel. Se instala en una casa. Comienza a buscar trabajo. Tiene algunos. Conecta con algunas personas. Contactos fugaces, ya sea por su propia naturaleza o por decisión de Francine. ¿Quién es Francine? Una mujer de unos cincuenta años que además de lo comentado en las líneas precedentes ama a los animales, o por lo menos los junta en su casa en cantidades asombrosas. O enfermas. Uno tiene interrogantes sobre el personaje Francine porque la película Francine es ferozmente antipsicologista. Francine está interpretada por Melissa Leo (ganadora del Oscar por The Fighter), en una de esas actuaciones totales, cabales, admirables en su contención y sobriedad. Los directores Brian M. Cassidy y Melanie Shatzky siguen con respeto y crudeza a su personaje, que habita lugares desangelados, esa suburbia americana en su vertiente descascarada, destartalada, en crisis. Francine es obviamente un personaje en crisis, desesperado, y para acercarse a su vida y hacer un cine de especial solidez y tremendo y lacerante atractivo hacía falta rigor: en este caso, encarnado en coherentes y lúcidas decisiones cinematográficas cargadas de honestidad y realismo.