El caso Wikileaks

Se que hay mucha gente que no conocía Wikileaks hasta que publicó la serie de centenas de miles de cables de las embajadas de Estados Unidos, en los que se hablaba, dentro de otros millones de temas, del gobierno argentino. Así que, ahora que se calmó un poco (?) todo, quizás sea bueno hacer mi propia reflexión al respecto.

El proyecto Wikileaks pretendía poner a disposición del que quisiera información sensible para algunos gobiernos. De esta forma tanto diarios grandes, supeditados a las voluntades de corporaciones, como los independientes o simplemente personas curiosas pueden usar información “en bruto”. Así es como, por ejemplo, hace algunos meses publicaron un video en el que se ve cómo las fuerzas armadas de Estados Unidos asesinas a un periodista de Reuters (si mal no recuerdo) junto con otras personas inocentes.

Yo pude ver el video sin que ningún medio tuviera que publicarlo. De la misma manera, en su momento hasta yo pude ponerlo en este blog. De todas formas, sacándole la parte edulcorada al proyecto, Wikileaks es una organización verticalista con Julian Assange en la cima. Lo que se venía criticando sistemáticamente durante los últimos meses eran los procesos de verificación de la información, o la forma en la que se decide qué se publica y qué se deja afuera.

La información que publican en general es sensible, por lo que me parece justo que haya algún proceso de validación (imaginen lo que habría pasado si el video del helicóptero atacando al periodista fuera falso.) Me parece necesario, además, que la información esté abierta para el que quiera. Wikileaks brinda una forma segura de hacer salir a la luz información (o eso es lo que ellos dicen.)

En los últimos días Wikileaks salió en la portada de todos los medios de comunicación por la publicación de unos 250.000 cables que las embajadas de Estados Unidos le mandaron al departamento de estado de ese país. Algunos de estos documentos estaban clasificados como “Secretos”, otros como “Confidenciales”, algunos habían sido desclasificados en algún momento; ninguno, por supuesto, pertenecía a la categoría “Top Secret“. Realmente, sólo leí los cables (y tampoco todos) que correspondían a Argentina; todos tienen opiniones de los embajadores o de algún funcionario del país del norte sobre los políticos regionales.

No me pareció que se hicieran revelaciones de ninguna índole. Además, son sólo las opiniones de un funcionario público extranjero, así que tampoco se puede tomar como una verdad, como se empecinaron en hacer varios de los medios de Argentina. De todas formas se me ocurre un poco incómodo para aquel embajador que de golpe la evaluación personal de alguien salga a la luz. Lo importante es que ahora, el fundador de Wikileaks, Julian Assange está preso en Inglaterra. Los cargos son de agresión sexual a dos mujeres jóvenes en Suecia, cargos que hace unos meses ya habían salido a la luz y habían sido desestimados.

Después del episodo del “Cablegate”, además del arresto de Assange, Paypal cerró la cuenta donde recibía las donaciones bajo presión del gobierno de Estados Unidos. Amazon le dio de baja los servidores. Se buscaba censurar la información que Wikileaks había hecho pública, pero en seguida salieron a la luz decenas de mirrors, otros sitios donde se replicaba la información de Wikileaks, alojados en diferentes partes del mundo. Cualquier intento de censura es imposible por internet, o por lo menos a muchos nos gusta vivir con esa idea.

Wikileaks es sin duda un paso adelante hacia la libertad de expresión. Aparentemente lo que se busca es que los medios tradicionales puedan citar fuentes confiables y que los lectores tengan acceso a ellas. Gracias al arresto y persecución, el sitio está en el centro de las noticias de todo el mundo. Ahora hay otros proyectos que podrán ver la luz en los próximos meses y que corregirían los errores de Wikileaks. Lo importante es que estos proyectos van tendiendo a la democratización de la información, tal como debe ser en Internet.