Ver que todo sigue igual. La televisión prácticamente no cambió; todo sigue girando alrededor de Tinelli y sus shows que cada vez incluyen menos ropa. El subte sigue andando mal, con demoras, estaciones que se caen a pedazos, incluyendo la cercana estación Ministro Carranza de la línea D, de la cual retiraron la seguridad que había en el pasillo, por lo que actualmente está con las paredes pintadas, el piso sucio y aparentemente es intransitable de noche.
Los colectivos están como siempre, un par de unidades nuevas, pero el 160 sigue pasando como para que todo el mundo llegue tarde a la facultad, no se arriman a las paradas, no respetan semáforos, pero reclaman carriles exclusivos. Los taxis siguen luchando en contra de la sensatez, como había destacado aquí.
Por el otro lado es bueno ver que las cosas cambian, las empanadas llegaron a los 3$, los cines pasaron los 20$, el menú en la Facultad llegó a los $7,50, el cono de McDonald’s, en fin, mejor ni hablar. Si no me equivoco hay cosas que superaron los precios, en dólares, del 1 a 1; afortunadamente somos uno de los países con menos inflación en América del Sur (sic), exportamos más carne que Uruguay (sic, sic) y más vino que Chile (sic, sic, sic.)
En este barco que se hunde, me alegra vivir en el séptimo piso, pero me asusta no estar en el 10°. De todas formas yo mantengo mi optimismo, como siempre; hoy vi pasar el helicóptero presidencial, en su camino de la Casa Rosada a la Quinta (creo) y me di cuenta de que si se puede viajar por el aire todos los días, ida y vuelta, tan mal no se debe estar.